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El último lobo del Cerral - Cuento en busca de un final

El último lobo del Cerral - Cuento en busca de un final

En nuestra comarca hace unos cuantos años podían verse lobos que daban lugar a diferentes situaciones que eran relatadas con emoción y dramatismo. Pero actualmente ya no quedan lobos, su espacio se ha ido reduciendo cada vez más y ya quedan pocos bosques que puedan contar con su presencia.

Proponemos aquí el desarrollo de una historia que pudo tener diferentes finales. Presentamos el inicio de un cuento y esperamos que en los comentarios los lectores-creadores aporten el nudo y el desenlace.

 

Hacía un invierno muy crudo. Todo el campo estaba cubierto de nieve y la ventisca del norte levantaba en el aire minúsculos cristales de hielo. La loba tenía un cachorro que amamantar, pero apenas tenía leche. En las majadas próximas se oía el berrear de las ovejas y carneros, pero no salían a pastar. Los pastores llegaban todos los días con los mulos cargados de hojas de berza y de remolacha, con harina de centeno. Los perros dormitaban en los cobertizos, al calor de la lumbre.

 

Si te animas, puedes dejar tu continuación en un comentario. Seguro que será interesante. Hazlo en el enlace Comentar debajo de la línea verde.

 

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3 comentarios

Javier -

La loba decidió salir de lo más espeso del monte del Cerral dejando solo al pequeño lobezno, tenía que encontrar alfo que llevarse a la boca para así tener un poco más de leche. Pero la verdad es que por toda Lirba cubierta de nieve, no se movía ni un ratón ni mucho menos un conejo. La loba merodeó por los alrededores del corral de ovejas con mucho miedo a ser descubierta por los mastines, de aquí para allá agazapándose en el suelo, pero nada que llevar a la madriguera.
No muy lejos de allí vio una caseta donde los hombres hacían cal de las piedras y decidió ir a ojear. De arbusto en arbusto por entre las encinas llegó hasta aquella caseta. ¡Qué sorpresa se llevó! Los hombres habían llevado una vaca para tener leche. No se lo pensó dos veces, volvió a la cueva, esperó a que anocheciera y cogió al lobezno entre sus terribles fauces por el pellejo del cuello con mucho cuidad y se lo llevó despacio escondiéndose para no ser vista. Al llegar a la caseta entró por una ventana medio abierta sin hacer ruido para no asustar a la vaca que rumiaba su grano en el pilón. Depositó al pequeño lobo debajo de sus tetas, éste estiró su cuello y con su pequeña lengua empezó a lamer las ubres de la vaca, que comenzaron a soltar leche que el lobito lamió hasta quedar lleno. Al terminar la loba volvió a llevárselo a la madriguera.
Así lo hizo todos los días, con mucho miedo de ser pillado por los perros ovejeros, y así fue como se salvó de morir hambriento el último lobo del Cerral.

Leticia -

Así fue pasando el frío invierno, la loba había criado a su cachorro, las ovejas ya podían salir a pastar la hierba de la primavera. El lobo se había hecho tan grande como su madre, ya se defendía solo.
De pronto un día estando un pastor en “Lirba”, cerca de su majada le atacó el lobo al rebaño. Rápidamente, el perro que tenía para el ganado era grande y blanco aún estando medio ciego, se abalanzó al lobo ahuyentándolo.
Al poco tiempo cuando un vecino de Castrocalbón iba por leña al “Chanico Yeguas”, le volvió a salir el mismo lobo, esta vez atacándole a él. Pero como llevaba la escopeta, desde el carro le disparó y lo mató. Así acabó con el último lobo del Cerral.

Antonio Manuel -

La loba le tenía echado el ojo a aquel corral de Huerga Cabañas. Tenía miedo de los mastines, pero el hambre era más fuerte que el miedo, así que pensando en su lobezno se armó de valor y aprovechó la oscuridad de la noche para atacar la majada. Los perros salieron a su encuentro mostrando sus colmillos. La loba huyó, no luchó, ellos eran más jóvenes y bien alimentados; en cambio ella era vieja y llevaba varios días sin probar bocado y las fuerzas le flaqueaban.
A la mañana siguiente vio con sorpresa como se se le acercaba un viejo mastín.
- Por tu aspecto debes tener hambre -le dijo el perro guardando las distancias.
-Sería capaz de comerme un rebaño entero, con algún perro incluido -dijo la loba intentando intimidar al perro. El perro asustado reculó hacia atrás.
-Vengo a decirte cómo puedes conseguir una oveja -acertó a decir con el rabo entre las patas-. Hoy, al caer la tarde, el pastor sacará un hatajo de ovejas a beber agua a la poza de Lirba. Tú estarás escondida entre las encinas del Cerral y yo dejaré que una oveja coja se quede la última y no pueda seguir al resto.
-¿Cómo sé que lo que me dices es cierto? -preguntó la loba - ¡No será una trampa!
-Yo solo quiero vengarme de los palos que me da el pastor -dijo el perro en tono vengativo-, como ya soy viejo y trabajo poco, no me quiere.
La loba convencida, dio las gracias al perro y empezó a buscar el mejor escondite.
Al llegar la tarde, la loba vio como las gordas ovejas iban a beber agua. Dejó que el pastor se alejara y lentamente se acercó a la pobre oveja que había quedado detrás del zarzal. La loba se dispuso a comer allí mismo aquel montón de huesos.
- ¿Qué vas a ganar con comerme a mí? - dijo la oveja muerta de miedo - Si yo no soy más que un duro pellejo. Si me dejas marchar te traeré una tierna y gorda cordera.
La loba pensó en lo rica y jugosa que estaría una de aquellas jóvenes corderas.
-No tardarás mucho en venir,¡verdad? -dijo la loba relamiéndose del banquete que se iba a dar.
-Volveré antes de que se haga de noche -contestó la oveja corriendo todo lo rápido que podía a pesar de su cojera.
La oveja nunca regresó y la loba aún sigue esperando y lamentándose.
-¡Esto me pasa por avariciosa!- se repetía una y otra vez la vieja loba.
Más hambrienta que nunca, regresó junto a su cachorro, echando de menos los tiempos en que los pastores y rebaños temían a las manadas de lobos. Antes los lobos eran los dueños del Cerral, ahora solo quedaban ella y su cachorro.
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