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Me han contado un cuento...

La liebre, la raposa y las nalgas azules (cuento popular)

Había una vez en este pueblo un señor que tenía un huerto en el Sexteadero, en el cual sembraba toda clase de verduras. Pero un día se dio cuenta de que se las comían los animales. Entonces les puso unas trampas para ver si cogía alguno.

¡Qué sorpresa! Cuando fue por la mañana muy temprano vio que había una liebre cogida en un lazo por una pata.

-¡Buenos días, gandula, espera un momento que voy a cortar una vara y te pongo las nalgas azules -le dijo el dueño del huerto.

La liebre empezó a chillar y apareció por allí la raposa que le dijo:

- ¿Qué haces ahí?

Contestó la liebre llorando:

-Es que me quieren llevar a una matanza y yo no quiero ir, no tengo hambre.

-Espera, que te suelto y me ato yo para que me lleven a mí - contestó la raposa.

Cuando llegó el dueño dijo:

-¡Qué sorpresa! Los animales se encogen cuando tienen miedo y tu te ensanchaste. Espera que te voy a poner las nalgas azules - con la vara le dio una buena panadera y la soltó.

La liebre marchó para Cuesta la Vega dando gritos, mientras la liebre se moría de risa por engañar a la raposa que se creía muy lista.

[Recopilado por Isabel Morán Monje. 8 años- Castrocalbón]

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El lobo hambriento (Cuento popular)

Erase una vez una cerdita con sus crías de paseo por un hermoso prado. Estaban caminando tranquilamente, cuando fueron sorprendidos por el lobo.

-¿Adónde vais? - preguntó el lobo.

- Pues vamos al Prado Concejo - le responde la cerdita.

-Voy a comerme tus cerditos - le dice el lobo - pues tengo mucha hambre.

- Bueno, -le dice la cerdita- pero antes de comértelos, tienes que bautizarlos, pues están sin bautizar.

- Los bautizo y luego me los como - dijo el lobo.

Cuando los estaba bautizando, la cerdita le dio un hocicazo y lo tiró al río. Mientras el lobo salía del agua se marcharon corriendo.

El lobo siguió caminando y se encontró con una yegua y su potrito, y le dijo:

-Yegua, me voy a comer tu potrín, pues tengo mucha hambre.

- Bueno, dijo la yegua, pero antes de comértelo, tienes que sacarme un pico de la pata.

-¡Vale! -dijo el lobo- Te Saco el pico y después me lo como.

Cuando estaba el lobo sacándole el pico a la yegua, esta le dio una patada en los morros que le sacó todos los dientes y se marcharon corriendo, ella y su hijo.

El lobo siguió caminando y se encontró con cuatro corderitos y les dijo:

-Corderos, os voy a comer, pues tengo mucha hambre.

-Vale, pero antes tienes que partirnos el prado en cuatro -dijo el cordero mayor.

-¡Vale!, pero después os como - dijo el lobo.

Entonces los corderos se pusieron de acuerdo y cuando el lobo se preparaba para partirles el prado, ellos contaron... una... dos ... tres... y lo empujaron al río donde el lobo se ahogó.

[Recopilado por Luis Miguel Rodríguez Cenador. 8 años. Castrocalbón]

Puedes leer aquí otra versión

 

La raposa y las sardinas (cuento popular)

Érase una vez un sardinero, que venía vendiendo sardinas que se paró al lado de una casa al sol y vio a la raposa durmiendo. Le parecía que estaba muerta y la cogió por el rabo y la puso encima del burro donde traía la caja de las sardinas.

Cuando la raposa se despertó y vio las sardinas y que el sardinero no la veía porque iba delante del burro, comenzó a tirar las sardinas hasta que las tiró todas. Después ella saltó del burro y fue "apañando" -recogiendo- las sardinas y se puso al sol a comerlas.

Comió tantas que le dolía la tripa.

al rato pasó por allí el lobo y le dijo:

- ¿Qué te pasa, raposa, de qué te quejas tanto?

-Que estoy muy mala.

-¿Por qué?

- Porque he comido muchas sardinas.

-¿Dónde las cogiste? - preguntó el lobo con mucho interés.

- Del pozo Valiente- y se fue la raposa a enseñarle dónde estaba aquel pozo..

Cuando llegaron al pozo preguntó el lobo:

-¿Y como las pescas?

- Atando esta caja al rabo y bajando al pozo.

La raposa le ató la caja el rabo del lobo y cuando se metió en el agua le iba tirando piedras a la caja sin que él se diera cuenta.

El lobo cada vez se iba hundiendo más y la raposa le gritaba:

¡Tira Juan , que pesca llevas!

[Recopilado por Rebeca Barrio Fernández. 9 años. Castrocalbón]

Bernardo y Pablo de caza (cuento)

Bernardo y Pablo fueron a cazar a la Chana. Después de tanto caminar por el monte no habían cazado nada. Pablo se dio cuenta de que a lo lejos había una caseta abandonada y se le ocurrió una idea: mirar por una ventana para ver si había liebres o conejos dentro de ella.

Estuvo un rato mirando y no vio nada, pero cuando quiso salir se dio cuenta de que no podía.

Pablo empezó a darle voces a Bernardo pidiendo auxilio, pero este no le oía porque se había ido a hacer sus necesidades debajo de una encina.

Cuando lo oyó, se apuró a limpiarse sus partes pero lo hizo con la primera piedra que encontró y se las hirió de arriba abajo.

Llegó donde estaba Pablo, lo intentó sacar y vio que era imposible, entonces le dijo:

- Voy a casa por el pico y la pala para hacer el agujero más grande.

- Date prisa - dijo Pablo.

-Te voya bajar los pantalones por si viene el lobo, que tiene la nariz muy fría. Le das patadas mientras llego yo.

Minutos después Bernardo le acercó una bola de nieve que había hecho, al culo de Pablo y éste del susto sacó la cabeza de inmediato.

Bernardo, que se había guardado le preguntó:

-¿Cómo has salido ta rápido?

- Vino el lobo, le pequé una atada y lo dejé medio muerto - respondió Pablo.

-Pues menos mal, porque yo, por el camino a casa tuve que luchar con un jabalí y mira como me dejó el culo - dijo Bernardo enseñándoselo.

 

[Recopilado por Marina Turrado Carbajo. 8 años Castrocalbón]

Mariquita y Tadeo (cuento popular)

Tadeo era un lobo muy tonto, muy tonto, y Mariquita era una zorrita muy lista muy lista. Vivían en Castrocalbón.

Un día le dijo Mariquita a Tadeo:

- ¿Quieres que vayamos a Calzada a "San Sogracio"?. Hoy como es fiesta, las mujeres echan al pote lacón, gallina y castrón y cuando estas marchen a misa, entramos en la casa y llenamos bien la barriga.

- Vamos entonces a Calzada -dijo Tadeo.

Al llegar se acercaron a una casa. Mariquita le dijo a Tadeo:

- Voy a entrar yo por la gatera de las gallinas, pues tu no coges y saco comida para los dos.

Pero ella entró y lo comió todo y al lobo solo le sacó un trozo de tocino y le dijo:

- Esta mujer tiene poca fiesta, pues no ha echado nada en el pote, solo tocino, yo también comí un poco.

De regreso para Castrocalbón la zorrita dijo que estaba mala, pero no era cierto, era la barrigada que tenía, pero el tonto del lobo la creyó y la puso a cuestas. Durante el camino ella cantaba:

-MI barriga chena, muy repantiguada, mi compadre lobo a cuestas me llevaba.

- ¿Tú qué dices Mariquita?

- Que estoy mala, muy mala - y así fueron todo el camino.

Llegando al puente, el lobo ya cansado de la cantinela y de pujar por la zorrita, pegó media vuelta a las costillas y la tiró entre todas las piedras. Allí se quedó malherida la zorita por ser demasiado lista.

[Recopilado por Javier Cenador. 9 años. Castrocalbón]

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La paloma y la zorra. (Cuento popular)

Estaba una paloma comiendo trigo en un trigal. De pronto apareció la zorra y la paloma rápidamente voló a una encina que allí había. La zorra, muy astuta, se acercó a la encina.

-¡Hola palomita! ¡Ven, baja de la encina! - le dijo muy amablemente.

-¡No! No bajo - se apresuró a contestar la paloma.

Así estuvieron un buen rato. La zorra insistía una y otra vez diciendo que todos los animales tenían que ser amigos. Pero la paloma no se dejaba convencer, lo que hizo que la paloma se enfadase.

-¡Mira! Baja ahora mismo de la encina, porque tenemos unos estatutos hechos y dicen que todos los animales tenemos que ser amigos. ¡ Así que baja de una vez!

En esto, la paloma vio que se acercaba un león.

-Anda, enséñale a ese que viene ahí los estatutos! - le contestó la paloma muy ufana.

La zorra al ver que se acercaba el león, echó a correr y ya no se le volvió a ver más.

[Recopilado por Antonio Turrado. 9 años. Castrocalbón]

El lobo y la gata Muslina (Cuento pupular)

Una vez era un lobo muerto de hambre.Había nevado mucho y no tenía nada que comer.

-Voy a bajar al pueblo a ver si encuentro algo - dijo.

Cogió por el Chano abajo y por "Las Castañales", detrás de las casas del Valle. En la Reguera encontró una gata recién parida. Se puso muy contento y le dijo:

- Te voy a comer a tí y a tus gatines.

- ¡ Hombre!¿Cómo me vas a comer si yo estoy muy delgada y los gatines son muy pequeños?. Mira, dentro de quince días vienes y nos comes.

- ¿Y cómo te llamaré yo? - dijo el lobo.

- Tu, cuando vengas, nada más me tienes que decir: "Muslina, Muslina..., ¿sales a meisar? Entonces salgo yo con los gatines, que ya estamos gordos, y nos comes.
Se pasaron quince dïas y el lobo seguía con hambre.

-¡Qué tonto soy!Si ya pasaron los quince días. Es el día de comer a la Muslina.

Arrancó a correr por las Choyas abajo. Se "entrancadillaba" todo de lo delgado que estaba. Cuando llegó a la Reguera empezó a llamar:

- ¡Muslina!... ¡Muslinaaa!...¡Muslinaaaaa!

- ¿Quéeee!

-¿Sales a meisar?

- No. Ahora meiso en casa.

Y el lobo volvió para las Espinillas (el monte) con más hambre que trajo.

[Recopilado por Leticia Martínez, 9 años. Castrocalbón. León]

El lobo desdichado

El lobo desdichado

Andaba una vez un lobo hambriento buscando comida por los alrededores del río. Sintió un ligero rumor... se paró a escuchar y olisqueó el aire. Caminó un poco río abajo y se encontró con una cerda y sus ocho cerditos.

- Cerda, te voy a comer los cochinos - dijo el lobo.

- Bueno, qué voy a hacer. Pero te agradecería que me hicieras antes un favor - contestó la cerda.

- Venga, dilo rápido, que hace una semana que no como - gruñó el lobo impaciente.

- Pues... que aún no los he bautizado. Si tú quisieras ayudarme...

- A ver... ¿que tengo que hacer?.

La cerda le hizo ponerse a la orilla del río, en un sitio donde había bastante corriente y, cuando el lobo estuvo más descuidado, le dió un empujón con el hocico y lo tiró al río. Como la corriente era muy fuerte el lobo fue llevado lejos de donde estaba la cerda y sus crías.

Al fin consiguió salir un un zona de remanso, muy cerca de un prado donde estaban cuatro carneros pastando. Se acercó a ellos pensando en darse un buen banquete, pues a aquellas horas del día y después del remojón se le había agudizado más el hambre.

- No intenteis huir, carneros, aún no he desayunado - dijo el lobo relamiéndose.

-Está bien lobo no podemos escapar, pero antes ayúdanos a repartir esta prado que nos dejaron nuestros padres de herencia.

-Ya estamos otra vez... ¿qué tengo que hacer yo?

- Mira, tú te pones aquí, en el centro; cada uno de nosotros nos ponemos en una esquina del prado. Vamos corriendo hacia tí para marcar una linea recta en la hierba. Así quedará repartido en partes iguales. Luego ya podrás comer a quien más te guste.

- Hala, pues rapidito.

Así lo hicieron: el lobo en medio del prado y los carneros en las esquinas. Cuando uno de ellos hizo la señal se lanzaron a correr en dirección al lobo, todos con la cabeza agachada y los cuernos por delante. Llegaron todos al mismo tiempo y del cornetazo que le dieron salió despedido por los aires.

Ya pasaban cinco o seis horas del mediodía cuando el lobo llegó a otro prado en el que pastaban tranquilamente una yegua con su potrillo. El lobo, que ya tenía un dolor de barriga enorme se acercó muy seguro de sí mismo.

- Hola yegua. ¿Ya has bautizado a tu potrillo? -le preguntó el lobo desconfiando.

- Sí, ya hace días. ¿Por qué me lo preguntas?

- No, por nada. Oye yegua, ¿este prado es tuyo o tienes que repartirlo con álguien? - volvió a preguntar el lobo.

- Es mío, es la herencia que me han dejado mis padres. -contestó la yegua, sin saber dónde quería ir a parar el lobo.

- Está bien. Sabrás que es la hora de merendar y aún no he desayunado, así que me voy a comer tu potrillo.

- Si quisieras hacerme antes un favor -se quejó la yegua- . Tengo un clavo en esta pata trasera que me lleva haciendo daño todo el día y yo sola no puedo sacarlo, pero tú sí podrías hacerlo facilmente con tus potentes dientes.

- Venga, venga, no hables más, no me hagas perder más tiempo. Levanta la pata para que yo pueda tirar bien.

La yegua levantó la pata y cuando notó que el lobo tenía ya muy cerca la cabeza y estaba buscando el clavo... le dió una coz que todos dientes del lobo saltaron por los aires y el lobo salió rodando.

Cabizbajo y con la cola entre las patas el lobo se fue al bosque y se tumbó a descansar debajo de un robusta encina. El lobo se lamentaba de esta manera:

- ¡Quién me mandaría ser a mí bautizador de cerdos, si mis padres nunca lo fueron!

-¡Quién me mandaría a mí ser repartidor de prados, si mis padres nunca lo fueron!

-¡Quién me mandaría a mí ser arrancador de clavos, si mis padres nunca lo fueron!

-¡Ojalá caiga un rayo y me mate! - se quejó el lobo dando un fuerte aullido.

Encima de la encina había un leñador cortando unas ramas y al ver el lobo debajo tiró el hacha y le cortó el rabo.

El lobo salió de allí diciendo:

-¡Patas, para qué os quiero!

Y no volvió a verse al lobo por aquellos lugares.

Cuento popular de Castrocalbón (León)

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